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2013/04/21

El súmmum de los carteros - Migel Strogoff

Existen cientos de miles de millones de cosas en este universo. Cosas, así en general. Sin concretar, ni clasificar, ni puntualizar de ninguna manera. Simplemente, cosas. Al azar y a lo loco; todas ellas metidas en un gran, enorme saco de esparto con la palabra “COSAS” bordada. Cosas, vaya; y valga la redundancia. No, hombre de Dios, no intentes levantar el dichoso saco ahora, que te vas a herniar —y si vas a empezar con lo de “yo soy de Bilbao y por mi santa sangre que lo levanto”, por lo menos flexiona las rodillas, mozo—.

Párate un minuto y échale un ojo al interior. Automáticamente, al mirarlas a la vez, todas las cosas del mundo se han dividido en tres grupos: las cosas que conoces, las cosas que no conoces y las cosas que “ves”. Te darás cuenta de que conoces a tu familia, a tus amigos de verdad, tus posesiones, ideas y, como es obvio, tus conocimientos. Comprobarás, también, que el grupo de cosas que no conoces es infinitas veces más grande que el de cosas que conoces; no te apures por eso, que es normal. Ahí encontrarás, no sé… ¿La masa de un planeta nano medida en hectogramos? Suena medianamente rimbombante, así que supongo que es algo que no todo el mundo conoce. Yo, desde luego, no.

2013/03/16

Rodeado de catalanes (2ª parte)


Me desperté un tanto desconcertado, pero tardé apenas unos segundos en darme cuenta de dónde estaba y qué demonios estaba haciendo allí. Barcelona, la mundialmente famosa ciudad condal llena de chicas muy monas que no te quieren y que, en su lugar, se ligan a rastafaris calenturientos. Salón del Manga, excusa barata para ver en persona de una maldita vez a algunos de mis mejores amigos —aunque, por supuesto, eso de “barato” es un decir—. Tantos años luchando por ello y, por fin, lo había conseguido. Casi 24 horas después aún me costaba creerlo, pero las pruebas eran evidentes. Una casa desconocida, un silencio sepulcral sólo roto por la alarma de mi móvil y, sobre todo, la notoria ausencia de un perro soplagaitas que venga a darte los buenos días a base de ladridos chirriantes y lametones en los ojos. El despertador del teléfono sonaba con fuerza en el cajón en el que lo había metido. Tanteé los alrededores de la cama a ciegas y por fin agarré el dichoso aparatito. Despegué los párpados mínimamente y, en cuanto la luz del móvil me taladró las pupilas, los ojos empezaron a escocerme como nunca; prueba inequívoca de que el cuerpo me pedía más horas de sueño después del ajetreado primer día que había pasado en aquella ciudad. Por otro lado, la cabeza me obligaba a aprovechar aquellos días al máximo desde el mismo comienzo, así que le eché valor vasco, apagué con rencor la alarmita de las narices y me incorporé. Bostecé, me froté los ojos y, como todos los días de mi vida, me puse a buscar los calcetines que se habían perdido entre las sábanas de la cama durante la noche. Una práctica un tanto frustrante, sí, pero ideal para terminar de despertarse porque la mala leche que se te va acumulando por no encontrar los malditos galtzerdis te pone más alerta que un chute de cafeína en vena.

2012/12/09

Salón del Manga de Getxo 2012

Ser bilbaíno es muy duro, os lo digo yo. Sí, eres un superhombre —o supermujer, no discriminemos a nadie— con una fuerza, resistencia, atractivo físico e intelecto muy superior al de tus congéneres; tienes dotes y capacidades que superan la imaginación de un simple mortal —aunque no siempre lo mostremos al público— y, por si fuera poco, eres capaz de chocar los cinco con un swag que ralla —por no decir que supera— la perfección, pero todo tiene su lado negativo. Los bilbaínos, aunque tremendamente poderosos, somos pocos y, aunque no os lo creáis,  muy modestos. Tan modestos somos que la gente de fuera pocas veces se para a visitarnos si no es para fisgar en el Guggenheim o para sacarse fotos con Puppy, la encantadora mascota de dicho museo, pensando que eso es todo lo que Bilbao puede ofrecerles. Esta idea errónea deriva en que todo lo que hacemos u organizamos dentro de nuestras fronteras acaba relegado a un segundo plano a nivel nacional y a un quinto o sexto como mínimo en el ámbito internacional. Por eso, el anuncio de una nueva convención de cómic y manga, humilde como lo es la nuestra, no suele ser algo que trascienda al exterior de la misma manera que lo hacen el Expomanga de Madrid o el Salón del Manga de Barcelona. Pero existe, está ahí, y nuestro deber como bilbaínos, o incluso como vascos en general, es apoyarlo y disfrutar de lo que se nos ofrece. Porque nosotros también tenemos derecho a disfrutar de nuestros hobbies otakus y, qué demonios, darnos un arrebato consumista de vez en cuando.

Lo que este humilde servidor os trae hoy es una crónica, un análisis, una guía lo más completa posible —sin llegar a destripar nada— que os acerque al único evento otaku del País Vasco: el Salón del Manga de Getxo. Cabe destacar que soy nuevo en esto de hacer de reportero, así que si no me ha salido bien, achaquémoslo a que “era mi primer día”, que es una excusa que nunca pasa de moda. ¡Empecemos!

2012/11/20

¿Y qué coño es eso del HABE? :V (4ª parte)

¡Qué feliz es la vida del ni-ni! O eso es lo que la gente debe pensar al verme, al menos. Es cierto que tengo bastante tiempo libre dado que sólo doy 8 horas de clase a la semana este año (si no han querido cogerme en la universidad, ellos se lo pierden), pero mis proyectos personales hacen que el tiempo que gano por no pasarme 6 horas diarias metido en un aula se vaya por otras vías. No hablo solamente de escribir en el blog, redactar noticias para Osu! Nippon, continuar mis historias o dibujar; por supuesto, como todo hijo de vecino, también tengo que estudiar por mi cuenta para salir adelante y no desaprovechar este año. El doblaje me exige una práctica ajena a las clases, el chino debe estudiarse más de dos horas a la semana para ser dominado y, obviamente, tengo que tratar de mantener o incluso mejorar mi nivel de euskera en la medida de lo posible. Y, de hecho, como habréis podido adivinar por el título de la entrada, ése es precisamente el tema que hoy nos atañe. Así, pongamos punto y final a esta entradilla y pasemos a lo que realmente nos importa: mis peripecias en el oscuro y tenebroso mundo del HABE.

2012/11/14

Rodeado de catalanes (1ª parte)


¡Qué bien sienta viajar, señores! Gente fantástica, nuevos ambientes, diferentes modos de vida y experiencias inesperadas te asaltan a cada paso, a cada esquina, casi a cada segundo. Mentiría si dijese que todas las experiencias son buenas, pero toda aventura tiene sus altos y sus bajos, y los malos momentos no son más que un aliño que eleva los buenos ratos a la categoría de inolvidables. Cuando estás lejos de tu hogar, todo adquiere un tinte mágico y las cosas más cotidianas se vuelven emocionantes, sobre todo cuando viajas solo (independientemente de que vayas a reunirte con alguien en tu lugar de destino o no). Hasta hace una semana, más o menos, yo siempre había viajado con mis padres o con la escuela y, por lo tanto, debía ceñirme a sus gustos y exigencias: mi madre, por ejemplo, sólo quiere ir a la playa de vacaciones, y eso siempre limita bastante mis posibilidades. Pero, una vez cumplida la mayoría de edad y siendo libre como un pajarillo o como un cliente de Amena, cogí mis ahorros, me busqué una buena excusa y fecha para poder volar del nido y me embarqué en mi primera aventura en solitario, como si de un spin-off de mi propia vida se tratase. Así, tras dos o tres años de asedio continuo por parte de mi querida Moni, mi hermanita Mery, y demás gente que se fue sumando a la causa con el tiempo, decidí darles a todos mis fans amigos un gustazo y, por fin, emprendí el viaje hacia la ciudad condal de la que tantas veces había oído hablar, esperando no encontrarme con ninguna chica mona que me dejase por un rastafari incapaz siquiera de cantar un blues. …Eta Siniestro Total entzuteari utzi beharko nioke idazten nabilen bitartean.

Lo que os voy a relatar es una historia de aventuras, alegrías y frustraciones, encuentros esperados e inesperados, un pésimo transporte público, una preocupante falta de croquetas y, qué demonios, romance, que tuve mucho amor bilbaíno que repartir entre tanto catalán. Como siempre, no sé cuánto ocupará todo lo que tengo que contar, así que será mejor darse prisa y empezar lo antes posible. ¡Bienvenidos a #MigaEnBCN!